martes, septiembre 26, 2006

"Allá en La Lucha y en San Cristobal"

Bueno, estamos en los días del centenario del nacimiento del gran caudillo costarricense José "Pepe" Figueres Ferrer, influyente personaje en el desarrollo y construcción de lo que hoy es Costa Rica, y padre de la Segunda República respectiva.

Una intangible cantidad de factores que determinan a nuestro país -factores tanto
positivos como muchos negativos- hoy en día tienen su origen en este señor y en sus andanzas durante su larga trayectoria política.

Lo anterior es conocido y repetido sin ton ni son. Desgraciadamente como sucede en nuestro país tendemos a captar las ideas sin hacer un abordaje epistemológico correspondiente a la percepción de la idea, llevándonos a captar lo que nos cuentan o decimos sin necesariamente tener los fundamentos o porque "algún otro los tiene". Es necesario que se desarraigue esa actividad en nuestra cultura, especialmente para evitar creencias mitológicas y dogmáticas mas que conocimiento teórico-científico.

Pero bueno, ¿que tiene esto que ver con Don Pepe? Mucho, realmente me atrevería a decir que demasiado. Anhelando por un clon suyo en la sociedad actual, capaz de sacarnos de este hueco en el que estamos absorbidos. ¿Cuantas personas escuchamos gritar alabando a Don Pepe sin realmente conocer lo que hizo, o sin conocer sus aciertos y desaciertos? Tendiendo a idealizar el pasado, y a crear concepciones idílicas de lo que pueden haber sido los personajes y caudillos de tiempos pasados que algunos ni tuvimos la oportunidad de acercarnos a vivir.
Debemos superar esto y crear nuestras concepciones en la facultad empírica del conocimiento, -sin dejar atrás por supuesto- la pretensión de la utópica objetividad intrínseca del conocimiento científico tan lejana al ser humano como podamos imaginarnos.

Don Pepe construyó la Costa Rica que tenemos hoy en día con base a sus convicciones en el contexto presentado; las instituciones (no solo instituciones como ente jurídico sino como reglas del sistema)formadas por él y sus hombres nos dieron la oportunidad de tener un ejemplo y un cimiento bajo el cual establecer una construcción de una Costa Rica nueva, contextualizada y pujante sobre los andares de la misma espiral que conduce al crecimiento de la nación. Pese a esto, tampoco podemos negar los yerros de un personaje con tanta incidencia en la vida política. Muchos grupos (especialmente los relacionados con Rodrigo Carazo durante su auge político) han acusado históricamente a Figueres por haber sido uno de los padres de la corrupción en el país a como la conocemos hoy en día, al incorporar extranjeros con intereses claramente obscuros y poseer intereses prevaricantes(sic?). El mismo Guillermo Villegas ha hecho mención sobre pensamiento de Don Pepe de la carencia de medios para solucionar un conflicto más que el armado, dejando en claro que don Pepe era más un hombre de revolución que un estadista en muchas de sus instancias. Un jugador de ajedrez, no un filósofo.
Y no caigamos en el error de pensar mal sobre estas situaciones, ya que responden a un contexto, a un ambiente mundial que propiciaba las circunstancias para coaccionar esos movimientos. Pero hasta ahi. No podemos intentar emular a don Pepe en la sociedad costarricense del siglo XXI, sino, debemos buscar encontrar posiciones críticas tan contextualizadas a la sociedad actual a como lo estaba don Pepe a la mitad del siglo XX. Así y sólo así podremos encontrar la senda del camino que lleve a la prosperidad, a como el gran caudillo logró, en una era donde su modo era el imperante.

Y es importante recalcar sobre la pertinencia histórica de las políticas aplicadas, ya que hoy en día nos enfrentamos a visualizaciones sobre la realidad de muchos grupos, que no han logrado leer los signos de los tiempos y pretenden que los grupos de presión sigan emulando al pie de la letra lo que algún caudillo decía hace 50 años, dejando atrás uno de los principales aprendizajes que podemos obtener de este señor, que con sus altos y sus bajos -digo esto con el afan de no buscar la idealización- logró una petinencia histórica como pocos han manifestado en este país; sin ceder a las presiones retrógradas de sectores sociales interesados más en el mantenimiento del status quo que del desarrollo pluridimensional de la nación.

Entonces, más que idealizar y poner a don Pepe alapar de Jesús y el espíritu santo, prefiero exhortar a la población a lograr una lectura adecuada de los eventos sociales y su principal incidencia en el desarrollo de las técnicas de aplicación de políticas. No vamos a caer ingenuamente en la trampa de la historia de querer crear hoy en día otro ICE, o volver a nacionalizar la banca. Algo así como un copy-paste de las leyes aplicadas en ese entonces. Debemos comprender que las sociedades no se construyen bajo ideologías estáticas sino bajo una lectura correcta de los signos de los tiempos en los que estamos viviendo y dejar de vivir de las glorias del pasado más que para recordar la majestuosidad con la que pueden ser solucionados los conflictos sociales.

Recordemos a don Pepe, si, como el gran superhombre nietszcheano que fue. Como el que nos dió tanto durante la segunda mitad del siglo XX; pero en la magia del recuerdo, no olvidemos adonde estamos, en que coordenada espacio-tiempo nos encontramos para poder realmente decir que gracias a don Pepe hemos conocido la historia, para no condenarnos a por la ignorancia de la misma, repetirla una tras otra vez.

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Human Equation Aborted.

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