La indecisión en la que se encuentra actualmente el Partido Demócrata de Estados Unidos, ha llevado al replanteamiento de una gran cantidad de reglas bajo las cuales se designa el nominado a la presidencia por ese partido. Pocos tenían dudas sobre la victoria en Noviembre del 2008 (elecciones presidenciales) de ese partido y su candidato, pero al presente, es incluso hasta posible que el favorito sea el candidato Republicano. El virtual empate en las elecciones de este partido, está dando la posibilidad a ciudadanos de estados que nunca tuvieron importancia, de hacer escuchar su voz y participar del proceso de manera más activa que nunca. El comediante Steven Colbert se refiere jocosamente a la situación de las elecciones de Pennsilvania diciendo que en este momento, es la segunda vez en la historia de ese país cuando Pennsilvania importa, siendo la primera el 4 de Julio de 1776, el día que en Philadephia se firmó el acta de independencia de Estados Unidos. Pero esa oportunidad de participación está debilitando al partido. Mientras John McCain ha tenido la candidatura amarrada por bastante tiempo, y su labor ha sido el de reunificar al Partido Republicano, los demócratas siguen tirándose lodo entre ellos, afectando las lealtades partidarias, al punto de que según varias encuestas, de quedar nominada la senadora Hillary Clinton (NY.), muchos simpatizantes de su contrincante el Senador Barack Obama (Il.) preferirían votar por el Partido Republicano o abstenerse del todo, antes de votar por ella, y la misma situación se da a la inversa.
Pero fuera de los dimes y diretes de los medios o las preferencias que una u otra persona pueda tener, lo importante a recalcar de este proceso y este “stalemate” en que se encuentra el Partido Demócrata, es la discusión que se puede formular sobre los procesos internos de los partidos políticos y la relación con la democratización de los mismos. En una época en que tanto en nuestro país como en la mayoría de América Latina surgen movimientos que abogan por partidos inclusivos y democráticos como alternativa a los partidos tradicionales, -donde bajo sus premisas, no son democráticos ya que los candidatos no son electos mediante procesos puramente democráticos sino basados en caudillismos, liderazgos y clientelismo-, la situación en que se encuentra el Partido Demócrata nos lleva a formularnos algunas preguntas. ¿Qué tan democrático debe ser un partido? ¿Hasta qué punto se deben democratizar los procesos de un partido sin afectar su constitución y sus elementos de unidad? Y más aún, ¿Cuál debe ser el límite entre esa búsqueda de democracia interna partidaria, y el fortalecimiento de los liderazgos unificadores? ¿Es tan beneficioso –a nivel electoral- un partido altamente democrático, sobre uno liderado por “caciques” que definen las líneas partidarias? Esta pregunta cobra importancia cuando nos planteamos una situación hipotética en la que uno de los dos candidatos Demócratas (Candidato A) en cuestión no se hubiera decidido lanzar. El otro (Candidato B) estaría desde hace meses en el camino a una victoria “por goleada” sobre John McCain, y el Partido Demócrata estaría recuperando control absoluto de 2 de los 3 poderes en que se divide el Gobierno de ese país. A estas alturas, estando en peligro la victoria Demócrata en Noviembre, muchos se preguntan si el largo proceso de primarias del partido les ha beneficiado en su fin superior (obtener el poder o en consecuencia, evitar a los Republicanos en el poder).
jueves, abril 17, 2008
¿Exceso de Democracia? Los dilemas del Partido Demócrata.
Bueno, me dió por escribir algo sobre el Partido Demócrata.
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The Age of Turbulence





1 comentarios:
Yo creo que el problema no es lo "democrático" del partido, sino el sistema con que se eligen los candidatos. El sistema gringo tiene el problema de que dura muchos meses, y por eso, en caso de que ninguno de los precandidatos logre rápidamente una ventaja clara, pasan estas cosas. Si las elecciones se concentraran en dos o tres semanas, la cosa no sería tan grave...
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