lunes, mayo 05, 2008

La responsabilidad social del sector privado

En días recientes hemos presenciado cómo distintos estratos del gobierno han intervenido en la regulación diferentes actividades económicas presuntamente privadas. La decisión del Ministerio de Salud de clausurar el restaurante “La Princesa Marina” por no acatar las medidas correspondientes, o la reciente regulación en materia de casinos son ejemplos de ello, a lo que muchos han respondido criticando una acción estatal que según ellos pretende decirle a los ciudadanos que deben o no deben comer, y si deben o no deben jugar en los casinos, algo que -según ellos- limita una decisión que únicamente corresponde al individuo. Es importante analizar este asunto no sólo desde la perspectiva del consumidor, sino desde el productor, para entender la responsabilidad social que este posee a la hora de proveer un producto o servicio.

Por ahí de la década de los 70s, el entonces presidente José Figueres, escribía en su famoso ensayo “La pobreza de las Naciones” una concisa afirmación sobre lo público y lo privado cuando decía “…la expresión “productor privado” cada día tiene menos sentido. Todo productor sirve al público, salvo el caso en que produzca sólo para su propio gasto y no venda nada a otros.

Esta afirmación obtiene su profundidad en la medida que analizamos si un productor –dentro de una perspectiva económica- o un individuo –desde la social- se encuentra en potestad de tomar decisiones que afecten únicamente a sí mismo, y no debe tomar en cuenta ningún otro agente externo a la hora de actuar. Más importante aún, si la responsabilidad que tiene a la hora de efectuarlas, es únicamente una responsabilidad consigo mismo o para con el resto de la sociedad.

El ser humano en su esencia es un ser social, y dentro de la dinámica social en que interactúa sus decisiones pocas veces incumben únicamente al individuo en cuestión. Las decisiones que un padre de familia tome no sólo le afectan individualmente, sino que pueden determinar la vida aquellos con quienes mantiene una relación de dependencia, tanto económica como afectiva. La decisión de un ciudadano de consumir drogas o caer en el vicio del juego, puede tener a la larga importantes efectos emocionales y económicos sobre la sociedad misma y en especial la vida de sus más cercanos, lo que introduce el concepto de afección o empatía, factores exentos en la perspectiva de aquellos que desean atribuir las consecuencias de un acto únicamente al individuo que las ejecuta.

Estos asuntos cobran mayor importancia cuando lo vemos dentro de una perspectiva económica. El productor que desea vender sus servicios, los vende a cualquiera interesados en comprarle, es decir, su comprador es el público y por lo tanto la orientación de su actividad es hacia lo público, a la sociedad en su totalidad y la responsabilidad de sus decisiones no sólo atañen a él, sino hacia todo aquel que pueda comprarle su producto. ¿Tiene responsabilidad únicamente consigo mismo, o con toda la sociedad, aquel productor que vende alimentos sin cumplir las medidas sanitarias correspondientes o que promueve peligrosos vicios como la bebida o el juego? Otro ejemplo importante es el de los mercados de valores, desde la venta o compra de divisas hasta los mercados accionarios. Un inversionista que con un porcentaje mayoritario de acciones de una empresa decide súbitamente deshacerse de ellas, no puede decir que su acción únicamente le atañe a él, ya que esta venta puede tener efectos incalculables en los empleos y en las inversiones de miles de personas.

En efecto, un consumidor en la mayoría de casos posee la suficiente información para estar en capacidad de decidir sobre el producto que desee consumir, pero bajo este principio, no podemos dejar exento de responsabilidad a un productor –que se guía únicamente por criterios de costo-beneficio- sobre lo que vende al mercado y en este campo es donde el gobierno debe actuar como regulador de las relaciones económicas, para evitar familias destruidas víctimas del alcoholismo, el juego o el resto de drogas y pacientes en las clínicas médicas intoxicados por comida defectuosa, antes que el mismo mercado –como debería hacer naturalmente- corrija estos defectos propios del mismo.

2 comentarios:

Terox dijo...

Todo es una cuestión de grados. La sociedad debe ponerse de acuerdo hasta donde requiere la reglamentación y/o represión de ciertas actividades. Otro extremo podría ser la "ley seca", por ejemplo, o declarar ilegal el tabaco.

andrés dijo...

Coincido con vos pero es obvio que todo debe tener su medida. No se puede entregar poder absoluto a un gobierno ni a una persona o productor.

El gobierno debe regular y aplicar la ley a aquellos productores que no cumplan los requisitos basicos que aseguren el bienestar social pero no creo que sea el rol del gobierno decidir si cierra un casino por ejemplo. En este caso el gobierno debe educar sobre los riesgos no censurar tajantemente.

Buen post men