Después de casi un año de campaña, desde aquel 3 de Enero en que Obama y Huckabee sorprendieron en Iowa, y de darle un seguimiento casi obsesivo a todo lo que sucediera con la elección de Estados Unidos, finalmente llegamos al momento decisivo, aunque parece que la cuestión ya está suficientemente decidida.
Nunca he tratado ni me parece apropiado, el intentar aparentar imparcialidad cuando se hace análisis político. Es negar el origen de las conclusiones a las que uno llega, ya que de ser objetivo lo que uno diría no debería tener ninguna diferencia con lo que diría una computadora y de ser la realidad tan objetiva las decisiones serían mucho más fáciles; desgraciadamente vivimos en la realidad y no en un mundo de fantasía donde el ser humano y los fenómenos sociales son objetivos y racionales, por lo que ese tipo de principio no aplica. Dada la aclaración, es que pese a que ya la mayoría lo sabe, quiero dar mi endorsement y el de este blog (lo que sea que eso signifique, lo cual no es siquiera un voto porque no soy gringo) a Obama, y procederé a dar mis explicaciones del caso en los siguientes párrafos.
Inicialmente, durante el larguísimo proceso de primarias demócratas, siempre di mi apoyo a Hillary Clinton. La inminencia de su candidatura, matemática electoral favorable, el peligro que una figura como Obama representaba, así como un servilismo hacia todo lo que tenga por apellido Clinton me hacía fácil la decisión y evité tomar a Obama en serio, hasta que el día en que ganó la nominación no quedó de otra que aceptarlo. Obama era real, es real y será real durante muchos años le guste a quien le guste.
Superado el proceso de primarias, con una candidatura de Obama que parecía estar teniendo tantísima aceptación a nivel nacional, y un John McCain que dejó muy manchado su nombre la decisión se hizo mucho más fácil.
Obama más que un candidato por sus condiciones individuales, es una respuesta proporcional de la sociedad gringa hacia el desastre que ha sido la administración Bush, es una muestra de que a los gringos si les importa, que si reconocen cuando han cometido un error y que saben que no están en el camino correcto. Pese a eso, el fenómeno de una figura política que promete el cambio no es nada nuevo y si mi estimado lector es de Latinoamérica estoy seguro que podrá recordar sendos ejemplos muchos países, donde ante el descontento hacia la clase política alimenta el surgimiento de figuras que con un manejo consistente de la retórica, se colocan a sí mismos en posiciones de poder peligrosas para la institucionalidad y que crea un desbalance en el sistema de pesos y contrapesos. Ahora, ¿hay razón para pensar que el caso de Obama es diferente? A mi parecer sí. No estamos hablando de Costa Rica, Ecuador o República Dominicana; estamos hablando de Estados Unidos que pese a todo, aún sigue siendo la potencia dominante del Sistema Internacional, y es el país llamado a tener el liderazgo en los grandes desafíos que presenta la humanidad. Si Obama logra un cambio por más marginal que sea, puede tener repercusiones muy importantes para el resto de la humanidad, y cuando su antecesor es George Bush, cualquier cosa es ganancia.
Caemos entonces en el problema de definición del cambio. Obama representa un cambio, ¿pero hacia adonde?, el cambio no es un fin en sí mismo y la relevancia es hacia donde se quiera llegar. El cambio de Obama no necesariamente se presenta en políticas públicas, ya que en estos temas es igual que siempre y personalmente soy de la tesis de que las sociedades no se cambian producto de políticas públicas, de aumentos o disminuciones de impuestos o de un nuevo sistema de Health Care. Fuera de excepciones como el New Deal, los grandes cambios en las sociedades han sido transformaciones demográficas y tecnológicas. El difuso significado de cambio que representa Obama, pese a ser bastante limitado dentro de lo que a política significa, si se traduce por ejemplo a limitar la política exterior tan agresiva de Estados Unidos ya sería una razón suficiente de peso como para darle el voto a Obama sobre McCain, cuyas posiciones de política exterior no son a nivel discursivo igual que las de Bush únicamente para no tener que cargar con ese peso y darle la razón a los demócratas en la frecuentada comparación.
Por eso es que Obama tiene el peso de la historia de su lado, el fenómeno que él representa es una apuesta peligrosa, pero es una apuesta necesaria para una sociedad que se considera a sí misma enferma y en el camino equivocado. La trascendencia de la decisión va más allá de si sus planes económicos producen una tasa marginal impositiva menor a la de McCain, va más allá de si Obama tiene mucha experiencia o poca. Para ilustrarlo por medio de un ejemplo, una persona en el 2002 podía estar de acuerdo con propuestas de política pública del PUSC y de Abel Pacheco, pero haber estado de acuerdo con Abel en materia de impuestos o en algunas temáticas de política pública se hacen intrascendentes cuando vemos el desastre que fue su administración. El mal manejo del liderazgo, la charlatanería y el desinterés por gobernar hicieron su gobierno desastroso, y eso iba más allá de temas particulares. Igualmente, muchas personas pueden estar de acuerdo con Bush en temas impositivos o valorativos, pero sabiendo el desastre que es como presidente, ¿es suficiente razón esa coincidencia de posiciones para darle el voto, digamos que una vez más si él fuera el candidato? A mi parecer no. Pese a que estoy de acuerdo con muchas de las propuestas de John McCain, su concepción basada en la vieja doctrina del Destino Manifiesto demuestra una concepción bastante equivocada de lo que debe ser Estados Unidos a nivel mundial y de los papeles que tiene el líder constitucional de ese país.
Como se puede notar, la mayoría de asuntos en los que me concentro son de política exterior, ya que ahí es donde está el peso de la figura del presidente de Estados Unidos. En una República Federal, donde cada estado tiene su gobierno propio y toma sus propias decisiones de manera soberana, la figura del presidente recae en decisiones más de carácter global y de alta abstracción, entre ellas la fundamental es la política exterior y el agotar la discusión en elementos muy particulares es utilizar parámetros equivocados para considerar los potenciales costos y beneficios de la decisión.
Ahora, otra razón que me orienta a preferir a Obama como líder de Estados Unidos es su efecto en las personas y en la sociedad. En los pocos años que tengo de vida nunca había visto que un político causara una reacción en los gringos como la causa Obama, y muchos especialistas que han vivido durante más tiempo que yo coinciden en ese punto. Partiendo de una sociedad en la que el ánimo y el “espíritu americano” es el motor de la economía (desde la confianza del consumir, hasta los niveles de inversión en las bolsas de valores) y de la sociedad, un presidente que esté en capacidad de devolver a los ciudadanos el ánimo y el orgullo por su país –que con Bush han perdido- puede ser un logro lo suficientemente consistente como para desear que Obama gane la elección. Si nos vamos a los años 80, lo más recalcable de Ronald Reagan era precisamente la manera en que pudo reactivar el “espíritu americano” y devolver a los ciudadanos la confianza y amor en su país. Nadie recuerda los impuestos o las políticas particulares sobre algún tema intrascendente, cuando se refiere a que Reagan fue uno de los mejores presidentes que ese país ha tenido. Obama ha causado ese efecto, y es posible que lo esté haciendo de manera mucho más efectiva que Ronald Reagan o John Kennedy; el regresar la ilusión y el sentimiento nacionalista a la sociedad gringa puede ser más efectivo para sacar a ese país de una crisis económica y para volver a situar al país en la posición de liderazgo moral y diplomático que le corresponde.
En el caso de la crisis actual, las medidas particulares pueden no terminar siendo tan relevantes. Por ejemplo, el naked short selling fue prohibido en las bolsas de valores durante un mes, y aún así durante ese lapso los principales índices bursátiles sufrieron las peores pérdidas de la historia. La manera de devolver a la bolsa su consistencia es recobrando la confianza en los inversionistas de los beneficios de invertir en Nueva York, y pese a que quienes quieran invertir en empresas de armamento posiblemente voten por McCain, la mayoría de los ciudadanos de clase media gringa (un 60% de los hogares) tienen sus fondos de ahorro y 401ks en valores menos focalizados hacia una industria tan particular como la armamentista. Así que partiendo de esta premisa, lo que Obama o McCain puedan hacer a nivel de política pública para paliar la crisis, no va a tener tanto efecto, por lo que el criterio que los diferencia es su efecto en el ánimo de la sociedad.
Volviendo al tema del liderazgo moral, recordando los atentados del 11 de Setiembre nos encontramos en todos los países del mundo periódicos y personas lamentando los atentados, solidarizándose con el país amigo que Estados Unidos le significaba y con una sociedad a la que tanto aprecio le tenían. Hoy todo eso es diferente porque George Bush se lo trajo para abajo. Un país que ha invadido militarmente saltándose el Sistema Internacional, que ataca verbalmente a sus aliados históricos únicamente por no apoyarles en una decisión y una política de ignorar a todos aquellos que les reclaman sus errores, no merece hoy en día prácticamente ningún respeto internacional. Con Obama existe la posibilidad de que eso cambie, y de que Estados Unidos vuelva a ser el país que todos ven y siguen por el liderazgo que irradia.
Otros asuntos más particulares que no me interesa desarrollar –espero haber dejado claro que no orientaría la decisión basado en eso- en que estoy de acuerdo con Obama es en el aborto, en lo necesario para hacer en Irak, en ambiente, en su plan de impuestos y en su elección para vicepresidente (la cual inicialmente me desagradó, pero a la larga el carajo me terminó convenciendo). El tema de una supermayoría legislativa Demócrata, aunado a un presidente Demócrata no me causa mucho temor, ya que de ser desastrosa esta mezcla, lo más que puede durar son dos años y los demócratas no van a querer aprovecharse tan macabramente de esa mayoría precisamente por los efectos electorales que puede tener.
La idea tan impopular del “socialismo” de Obama tampoco me causa temor, ya que la oficina en Pennsilvannia Avenue es capaz de poner a cualquiera en su lugar al poco tiempo de estar ahí, y pese a que Obama por su carencia de experiencia ejecutiva puede ser un peligro, a la larga es muy probable que aprenda rápido y termine desempeñándose de manera bastante positiva. Como bien dijo Bill Clinton “no hay experiencia suficiente que prepare a nadie para ser presidente de los Estados Unidos”.
Debo hacer la salvedad de que las consideraciones anteriores son realizadas por mi persona como un ciudadano internacional, pero aún viéndolo desde un punto de vista de costarricense, considero que Obama también es más beneficioso para Costa Rica que McCain. Primero, porque los demócratas han sido históricamente los que de manera más efectiva han sacado al país de las crisis económicas. En particular, me refiero a Roosevelt y a Clinton, mientras que los Republicanos tienen únicamente el caso de Ronald Reagan, pero en una crisis cuyas causas no pueden considerarse tan internas como los casos demócratas.
Partiendo de ese principio, -y el del ánimo y espíritu americano-, es que estoy convencido de que Obama sacará a EUA de la crisis de manera mucho más rápida de lo que McCain podría y eso sin duda a nivel de inversión y de ingresos por turismo es beneficioso para nuestro país. Obama es bastante proteccionista y es posible que busque un cambio en las posiciones comerciales de Estados Unidos que afecten el ingreso de productos extranjeros y el job outsourcing hacia países como Costa Rica, pero con un TLC debidamente aprobado ya tenemos lo que necesitamos. La probabilidad de que Obama renegocie el CAFTA es muy reducida, ya que posiblemente tendrá cosas más importantes que hacer, pero si lo hiciera la negociación sería con todos los países, lo que no afectaría la competitividad de Costa Rica y podría incluir mejoras en las regulaciones ambientales y laborales, algo que no caería nada mal a un país con un record ambiental y laboral tan positivo como Costa Rica.
Queda mucho que decir, en un tema tan amplio como una elección presidencial es imposible ser exhaustivo en todos los temas sin llegar a ser tedioso, por lo que espero que con lo anterior haya dado por lo menos una idea general de mis razones para considerar a Obama el mejor de los dos candidatos presidenciales. Eso si, sin olvidar que Obama aún debe demostrar mucho y que el éxito logrado en su campaña es apenas el principio y será su administración por lo que realmente se le juzgue, y para eso estarán las elecciones del 2012. Dentro de cuatro años hablaremos al respecto.

The Age of Turbulence





4 comentarios:
Muy bueno.
Muy buen análisis... y todavía hay cabeza duras que comparan a Obama con Abel Pacheco...
Cabeza de perro, Obama es Abel, para verdades el tiempo...
Querido Ano... me alegra que recibieras mi mensajejejeje
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