Es casi un hecho que la historia es cíclica. Todas las generaciones pasamos por las mismas situaciones, bajo diferente escenario. Vemos como el movimiento contracultural de los años 60s y 70s, protestaba por un mundo en guerra, antes de eso, los movimientos post guerra mundial concentraron los esfuerzos de otros. En nuestro país, en la primera mitad del siglo tuvimos las revoluciones sociales, la huelga de brazos caídos, la Revolución del 48, etc. En la segunda mitad, los movimientos más importantes han sido los de ALCOA, el combo del ICE y la oposición al TLC.Tal parece que todos los jóvenes necesitamos un medio por el cual canalizar nuestras confusiones, y la protesta social es una de ellas. Muchas veces efectivamente existe una preocupación manifiesta sobre el elemento de protesta, pero es frecuente que primero venga el deseo de rebelión y posteriormente la búsqueda de algo que nos importe, una tarea no muy difícil en un mundo carente de buenas noticias y con tanto desastre para conmovernos y convencernos a no claudicar hasta cambiarlo. En fin, estamos comprometidos a cambiar el mundo.
Hay un viejo dicho que dice como un momento fundamental en la vida de todo hombre, es cuando se da cuenta que nunca va a jugar futbol profesional. Tal parece que nos llega a todos tarde o temprano. Nos damos cuenta que somos meramente uno más en 6 mil millones y que el mundo ha estado antes de nosotros y estará después de nosotros, es el choque con la cruda realidad de un mundo masificado, que resta el poder transformador del individuo y lo degenera hasta la irrelevancia. Ese momento usualmente es crudo, darnos cuenta que no somos especiales y que no necesariamente estamos destinados a grandes cosas, muchos posiblemente fallezcamos solos y algunos años después de nuestra ida, nadie nos va a recordar, nos habremos ido como polvo en el viento, irrelevante y a veces hasta molesto.
Ese es el momento en que muchos jóvenes dejamos esos medios a los cuales nos aferramos, pero es difícil rendir esa esperanza de que en cualquier momento sucede algo especial que cambia nuestras vidas y nos hace importantes tal como hemos aprendido de los libros y la televisión, algunos nunca se desarraigan de esa esperanza, y mueren esperando ese gran desencadenante en la historia de su vida. Muchos simplemente se dan cuenta de lo innecesaria y molesta que es aquella gente que quiere obligar al resto a cambiar cuando esta no lo desea, simplemente porque no quiere aceptar el mundo como es, sea justo o injusto, sea digno o no.
Repetimos la historia, porque esta está compuesta de generaciones una y otra vez, con seres humanos que fueron niños, luego jóvenes, y luego adultos. Todos tenemos alguna vez esa irracional ilusión de cambiarlo todo, y de ahí es que la humanidad sigue cometiendo los mismos errores una tras otra vez, por nuestra terquedad de pensar que nuestra historia es diferente por el hecho de estar nosotros en ella y no será como el resto, ya que nuestra vida existe por algo, y por lo tanto algo de especial debe tener.
Probablemente esa desilusión, de darnos cuenta que no podemos cambiar la globalidad, es lo que lleva a muchos a buscar la conformidad en lo pequeño: la familia, los hijos, la comunidad, los más cercanos; posiblemente el dicho de que aquel que no es conservador después de los 30 no tiene cerebro, tiene algo de cierto, los destinados a cambiar el mundo son otros, unos pocos. Nosotros, el resto de mortales tenemos que darnos cuenta en algún momento de nuestra vida, que no vamos a cambiar el mundo, no vamos a alzar la Copa Mundial y que nunca vamos a jugar futbol profesional.

Recuperemos la paz. Campaña que por primera vez en la historia de Costa Rica, llevó a los presidentes de los tres poderes de la República a firmar un compromiso político, para iniciar la búsqueda de la solución a la crisis de inseguridad pública… con plazo hasta el 11 de diciembre del 2008 (a 20 días del lanzamiento oficial de la precandidatura).





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